sábado, 26 de enero de 2013

Continuación.

- ¿Por qué no se me ocurre nada?
- El corazón debe estar inspirado para componer grandiosas melodías. - Dije desde el umbral de la puerta.
- No hay que estar enamorado para hacer música.
- No hablaba de amor. Puedes sentir tristeza, incertidumbre, alegría, sin embargo, tu rostro no refleja más que concentración pura, como si ni siquiera pensases en lo que deseas tocar, como si no hubiesen emociones en tu alma.
- Ergo, necesito descansar.
- ¿Descansar de qué? No haz usado tu intelecto para un buen soneto en ningún momento. Y si lo hiciste, debo decirte que el violín no es lo tuyo.
- Hazlo tú si crees que es tan simple el arte de las cuerdas. - Me extendió su violín. Pero lo alejó a los pocos segundos posando una sonrisa maligna en su rostro. - Pero... Si no me gusta lo que tocas, deberás irte de casa.
"¿Tanto rechazo le causo?" Pensé.
- Trato hecho, mi lady.

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