viernes, 15 de noviembre de 2013

Dos años y tres cuartos.

Está el final ahí, que después de quererte romper la cabeza bajo la casa con los nervios para contrarrestar, te mete una ilusión utópica de que se hagan, mágicamente, todos con la flor, una imagen de vos en un concierto en la confianza del mundo. 

Que hermoso el garrón de lo que es como es. Todo va a todos y nos comandan pelotudos. Se te pasa de uva porque no te gustan los autocríticos, el mundo detesta los flancos débiles. 

Soy la única que en el mundo does y el humor negro se lo dejo a mi espejo. Llevan flacas a morir. Si fuese hombre seria un pequeño gesto sin voz, quiero saber eso del mundo. 

Darles café a los aliens y que rinda la luz. Son otra gente sin un todo. Esas fotos son un efecto de éxtasis, borra esa mierda populista.

Recién caigo de que los problemas del juicio final son uno, o tres o siete, y cito al sentido común. Deja de buscar la flor, es una joyita, simplemente. No hace daño.

Están en las malas, no es fachada, en las malas, no es fácil de reconocer hasta cantando con Celine Dion, pero esta siempre será mi vida.

No me odies que mañana voy a tener un nuevo perfil, ya tengo la prueba y las campanas de un grupo de imbéciles. Les enseñan a los veintisiete años a usar cadenas doradas.

No me retracto totalmente. Dale, dale, ponte las últimas cinco temporadas.

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