viernes, 27 de septiembre de 2013

Beneath the landslide.

Ella sonrió, totalmente drogada. Su rostro seguía inocente, taciturno. Me causaba una enorme ternura y culpa a la vez, ¿para qué la invité a eso? ¿Qué importa si no teníamos nada en común? Su rostro inocente no se vería mejor con ojeras, ella ya tenía ojeras por leer, por jugar hasta tarde, por reír con amigos, pero no por drogas que al fin y al cabo ella jamás pidió.

- No quiero que vuelvas a probar ácido...
- Pero... Si haz sido tú quien me ha dicho que pruebe.
- Sí, pero no quiero. Incluso conmigo me parece que no deberías.
- Está bien - Sonrió disimuladamente - ¿El efecto vendrá dentro de tres horas?
- Quizá dos por lo desacostumbrado que está tu cuerpo...
- Serán unas lindas dos horas. - Se dejó caer en la hierba. Al ver su peso caer me preocupé y giré como si fuese un acto reflejo, pero solo lo hacía para descansar así que la imité.
- Supongo.
- ¡Descansa tu también!
Asentí y cerré los ojos. El silencio embargó el lugar hasta el punto en que podía escuchar nuestras respiraciones y los latidos de mi corazón junto con los suyos. Pero a los suyos los sentía fuertes y veloces, casi atemorizantes; ruidosos.
Los escuchaba cada vez con más fuerza y más cerca de mis oídos, como si fuesen martilleos a punto de llegar a mí, planeando golpearme. ¿O es que ya estaba drogado? No, no. Era ella. ¿¡No podía calmarse!? Cada vez, cada vez eran más estridentes. Insoportables.

- ¡Basta! - Chillé tapándome los oídos, ella pegó un brinco. Maldita niña nerviosa.
- ¿...Qué? ¿...Qué pasó?
- Solo ten calma... No estés nerviosa. - Hizo silencio, seguramente sorprendida de que me hubiese dado cuenta, pero ya sabía como era yo. Perceptivo hasta por demás.
- ¿Y si me da un ataque de pánico? No sé qué sentiré, yo...
- Mira donde estamos, si te da un ataque de pánico en un lugar tan abierto y hermoso quiero que sepas que eres una inútil. Y no te pasará nada, voy a estar acá.
- Totalmente drogado. - Miró con desconfianza, luego su rostro comenzó a enrojecer - ¿Y qué haré si digo algo vergonzoso?
- No me aburras. Anda, dime cosas vergonzosas tuyas ahora así después no me sorprendo. - Sonreí burlón y ella se dejó caer de nuevo. Estuvo diciéndome tonterías durante una hora y media, ninguna que me sorprendiese, aunque algunas me daban mucha risa.
- ¡Y también una vez me caí al fango escalando una pequeña montaña con mi prima, y como no podíamos llegar sucias nos limpiamos la ropa en un lago. Pero justo a unos metros habían unos chicos acampando!
- Interesante.
- Y por último... - Escuché un bostezo y el silencio por fin reinó, su voz me parecía inquietante después de tanto rato escuchándola.
- Anda, ¿quién se duerme al drogarse? - Dije sentado mirando el paisaje después de verla unos segundos totalmente dormida.
- Te quiero...
- No. No digas eso, no lo digas.

Cerré los ojos con fuerza y apreté los puños, no quería, no quería nada de eso. Era una niña que no quería arruinar. No me desvelaba por ella tampoco ¿qué haría con una carga así?
Me paré, tomé mis cosas y empecé a caminar pero ¡Joder! ¿Me estoy alejando para no arruinarla? Claro, pero dejarla sola en un bosque drogada es una decisión muy inteligente. Bien pensado, idiota.
Mis pies me forzaron a volver a mi lugar. Ella estaba sentada y con los ojos apenas abiertos, sus largas pestañas apenas dejaban entrever la mirada, pero sé que me estaba viendo. Siempre me estaba viendo, curiosa, expectante. Como si siempre estuviese esperando a que dijese algo en específico.
- No te vayas...
- Hagamos algo.
- ¿Como qué...? - Sonrió con complicidad.
Mi cuerpo se abalanzó sobre el suyo rogando ser aceptado para darle rienda suelta a un montón de pensamientos y deseos que tenía reprimidos hace mucho. Esa necesidad imperiosa de dar amor en forma de pasión, quitarle ese vacío de un solo viaje. Jamás había probado el sabor de la ansiedad ante el miedo de ser rechazado.
No había nada que pudiese alejarme de ella en ese momento porque me estaba aceptando, estaba dándome la llave para entrar a un mundo del que no querría salir jamás. Sin espejos de colores, sino que todo sería real. Sin fachadas.
Por un segundo en el espacio ella fue la protagonista.
- Yo... Quiero... Te quiero... - Intentaba pronunciar entre suspiros. Pero no cualquier suspiro, sino uno de relajación, de catarsis. Algo que ella necesitaba hacer, decir, o recibir se estaba cumpliendo, algo que la atormentaba mucho.
Su cabeza inclinada hacia atrás dejando llover su cabello, destapando su pecho el cual ahora solo estaba encerrado por una simple camisa de gasa, era el espectáculo más hermoso de todos.

"No hagas esto, se sensato ¿O harás el amor con una niña? Y para rematar ¿una niña drogada? Más bien que tú drogaste. Podría irte mal por esto, niño genio."
En ese momento lo único que resonó en mi mente fue "drogada". No quería darle un primer recuerdo así. Ella era consciente, pero estaba afectada.
"Eso es hacer trampa."
La separé de mi cuerpo. Sus ojos estaban entrecerrados, llena de ilusión jugando con los botones de mi camisa, pero al mismo tiempo notaba que ella no estaba en sí. Junté mis manos con las suyas y ella giró su mirada al ver que la apartaba, fruncía el ceño y sus labios parecían temblar.
- No te atrevas a llorar o no volveré a verte.
- Lo... Siento...
- ¡No digas que lo sientes! ¡No lo digas! ¡Enójate conmigo y deja de ser tan tranquila! ¡Grita niña, grita!
- Huelo... El color azul... Huelo las nubes...
La abracé. Nuestro viaje comenzaba por la vía interestelar y luego de esto ninguno de los dos volvería a ser igual, volveríamos mejores. Evolucionados. Y lo haría con ella. Con ese destello de diamante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comenta si quieres, de ti depende que me interese tu comentario. :3