lunes, 24 de junio de 2013

Realeza mórbida.

Ese día; un frío, nublado y por poco lluvioso día, se encontraba una niña de no más de 8 años caminando por la penumbra. Estaba asustada, aunque ver un alma por la noche en ese pueblo inhóspito era algo sorpresivo.
Echó a correr cuando sintió una brisa que susurraba palabras incomprensibles a sus oídos, pero de nada sirvió.
- He venido por ti ¿no crees que eres muy pequeña como para caminar sola a estas horas? paga las consecuencias dedicándome tu nombre. - Decía arrastrando cada palabra que salía de su transparente boca.
- Mi nombre es Esther. No me hagas daño, por favor... - Replicó, petrificada del miedo.
- Esther... Toma mi mano, te llevaré a un mejor lugar.
La fantasma estaba dispuesta a llevarse a la niña, extendió su mano y esta pegó un grito casi ensordecedor. 
Sin embargo su voz no era suficiente para salvarla. Solo logró que se encendieran algunas farolas, con un par de almas en pena escondiéndose desde sus hogares, negándose a intervenir. Sin resultado alguno la pequeña aceptó su destino.
El fantasma la elevó dejando sus zapatos de charol sosteniéndose nada más que del viento. Mientras marchaban a su abismo mortal la pequeña Esther esbozó una calmada sonrisa y la muchacha espectral lo notó.
- ¿Por qué... sonríes? Deberías estar rogando clemencia, piedad y llorando por tu vida... - Su mirada palideció, incluso a pesar de que solo era un fantasma las memorias y recuerdos flechaban su mente, recordando cómo había empezado a llevarse almas en pena al otro mundo. 
La niña la miró de una forma tan directa y fría que hasta al espectro la cual se llamaba "Lane" hizo estremecer. 
- Porque... En este pueblo no hay niños, solo almas que no juegan. No sé qué será de mi futuro. Prefiero desfallecer y volver a empezar a vivir todo de nuevo siendo otra persona, y poder vivir lejos, muy lejos de aquí. - Sus mirada era tan rígida que parecía salir más de un adulto que de una niña. Tomó fuerzas y continuó, a pesar de tener un hilo de añoranza en los ojos - Solo lamentaré por mi hermano enfermo, el cual espera mejorar para verme crecer feliz... - silenció, para luego tomar aire y seguir - a pesar de que yo no sé, para nada, qué es ser feliz.
- Cuanta frialdad. Podrías ser la esencia de la muerte misma y en persona.
- Tú me estás escuchando, ¿qué te hace mejor que yo?
- No soy mejor que tú, pero soy Princesa de muerte y recolecto almas que morirán, eso supera tu austeridad.
Al pasar los minutos el silencio se apoderó del ambiente. Una de ellas iba a morir, y la otra debería olvidarse de lo que sucedió. Tenían que ir en busca del Príncipe de la vida, autor de muchas muertes incluyendo de la mortal; Lane. Sin embargo este también había sido un mortal en su momento, dándose a llamar "Jack". 
Al llegar la muchacha espectral empujó a la pequeña y Esther solo pudo caer de rodillas al suelo, la fuerza y el miedo le jugaban en su contra. Ahora sus lagrimas volvían a sus ojos.
- Tenla, solo será un minuto. - Lane se llevó la mano al mentón, perdida entre lo que deberían hacer ahora - Veamos... 
Todo era muy confuso para la niña. Zamus, el Príncipe, en vez de sostenerla con violencia (adelantando su final), la sostenía con dulzura y delicadeza. Este la cargó entre sus brazos y ella terminó cerrando sus glaciales ojos por mera voluntad, descansando la vista. Él se le acercó al oído y susurró:
- No porque vayas a morir tienes que sufrir... Descansa. - le acarició una mejilla y esta respondió con una sonrisa serena. 
Era la primera vez que alguien que tenía sus minutos contados le sonreía al Príncipe de la vida de una forma tan sincera y apática, a él, quien era el que aprobaba quién seguiría viviendo y quien no lo hacia. En ese momento la simple idea de verse en un espejo le daba un gran sentimiento de repulsión. 
Decidió hacer lo correcto y quizá, y solo quizá, eso detuviese su condena en el inframundo. Dejó que la niña viviese no sin antes concederle una vida digna. La Princesa de la muerte, Lane, no podía comprender qué regía al susodicho como para hacer tal cosa.
- Lo siento Lane, pero no puedo hacerle a esta pequeña lo que te he hecho a ti... Disculparme. 
La chica, enfurecida de envidia y algo más que no podía definir, le quitó a Esther de los brazos. Ambos, Zamus; el Príncipe y Esther estaban confundidos.
- ¡Si viviré cien millones de años, quiero que tú también cumplas tu condena! ¡No creas que serás perdonado por salvar a una niña! - Su voz desesperada se rasgaba con lágrimas diminutas. 
Sucede que Lane solo tenía 19 cuando fue asesinada, en el mismo pueblo, en el mismo callejón, por el mismo ser que ahora regía en su vida. Gracias a ello Lane se dio por desaparecida, causando un gran miedo entre los conservadores y tranquilos pueblerinos. 
Zamus prometió enmendar su error al dejarse llevar solo por su instinto asesino, dándole un lugar en el inframundo, sin maldecirla a vagar en el limbo.
A todo esto, Zamus solo pudo responder como ya lo había hecho antes; con un pacto. Prometió acompañarla si era perdonado y a su vez exigiría que ambos lo fuesen. Y así se dio, ambos fueron libres pudiendo tener un descanso entre el vapor, espectral y tibio. A diferencia de su acostumbrada frialdad.
Fin.

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