Una doncella saboreando los dieciséis inviernos de su vida, anhelando llegar a los diecisiete para poder llegar a ser una de los millares de doncellas que se otorgaban a ser una de las consortes del emperador de la antigua china, más que su sangre era china pura para aquella época.
Una mañana calurosa despertó a causa de la tormenta de arenisca que arrastraban los desiertos de las provincias hermanas, Kuniki Tawe’i asomó su redondita cabeza por la ventana, la arena se paseaba por los campos más floreados por la anterior llegada de la primavera y se deslizaba por los altos techos de marfil tallado con dragones de oro puro.
La joven al ver que a las pocas cuadras se estaba representando una comedia con los actores de la ciudad de Pekín no pudo resistir y se levantó floreciente de alegría, limpió las sabanas que se encontraban con un rocío de arena con cuidado de no despertar a su hermana dos años menor a la que habían llamado Hara’lu a la cual debían compartir su cama por su suma pobreza aunque lograban tener complacencias de vez en cuando.
Preparó la comida y la dejo al carbón para que así no se enfriase y calentó agua para poderse dar una ducha, se preparó bañándose con cuidado de no penetrar jabón barato en sus ojos casi color amarillento como la arena. Se vistió humildemente con un vestido-pantalón blanco de una tela echa en casa imitando representar la seda, combinó ese atuendo con unas cómodas botas algo pequeñas de color negro y un sombrero negro para combinar que en su pequeña copa se deslizaba una pluma de ganso blanca.
Cuando se dirigía a la puerta vio que alguien estaba a pocos centímetros de golpear para dar algún cometido o edicto imperial. Al ver el joven rostro de su primo segundo Yuta’souta que en la dinastía del dragón significaba la valentía, el valor, el estimo, la energía y el respeto. Volviendo a Kuniki, abrió con gran delicadeza la puerta de madera astillada y esta se inclinó hacia él y luego hablo prioritariamente.
-Pariente… ¿Cuál es la razón de vuestra visita? Eh de decir que estaba saliendo.-preguntó con la voz más amable y clara.
-Lamento molestarte pero es sobre el hijo del cielo, nuestro emperador. Pronto cumplirá dieciocho y aun no se le ha otorgado una concubina, sino que los subordinados eunucos le representan la lujuria haciéndolo disfrazar con traje de negociante y yendo a los burdeles. Es sumamente importante avisarte que dentro de tres meses, uno después de que hayas cumplido los diecisiete que se necesitan para ser una concubina, podrás participar para ser una de ellas, también debe ir Hara’lu aunque sea menor de los diecisiete tendrá un lugar para ser consorte como tradición al haber sido su hermana más querida una de las consortes y haber logrado casarse con el hijo del cielo, al morir le cedió ser una consorte, la primera concubina imperial, mientras tú serás de la tercera clase en vez de la primera.-Sus palabras no estaban acompañadas de la clásica felicidad, debido a un tema en especial y Kuniki, que jamás se le escapaba nada lo descubrió enseguida.

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