Empezamos a hablar de nosotras, de la diferencia que había acá y allá. Ella decía que en su ciudad era incomodo salir a caminar. Mucha gente, mucho tráfico, mucho ruido, mucho humo circulando en la boca de los niños. Yo le decía que vivir en todo eso ha de ser algo interesante, o que al menos, yo cambiaría lugar con ella.
-No entiendo tu gran interés por lugares grandes. ¿Sabes?
-No es algo que debas entender…
-Me gustaría hacerlo.
-De acuerdo… Digamos que, me gusta la idea de una gran ciudad porque… Me haría sentir viva, que me muevo de aquí para allá. Una forma interesante de vivir. Nunca estar quieto, ser independiente, estar solo y al mismo tiempo con muchísima gente. Aquí nadie se mueve, nadie cambia, nadie destruye los muros de la ineficiencia. Por tanto, es que prefiero las ciudades grandes.
-Ya. Creo que te entiendo… Aún así, no pienso que este sea TAN mal lugar.
Sonreí, supongo que fue una sonrisa malvada ya que por dentro pensaba “Espero que llegues a escuchar la música de acá, también el vocabulario que usan muchos de aquí y también su actitud. Ahí veremos si te sigue gustando este lugar”.
No era normal tratar de menospreciar mi propia natalidad, pero a ser sincera, mi patriotismo es nulo.
-Como es tu personalidad aquí?
-No entiendo a que te refieres.
-Como te comportas con los otros! Claro que me entiendes!
-Aah… Pues, no hay otros. Solo eres tú. No tengo amigos aquí.
-Por qué no? Eres increíble…
-Para ti, para la demás gente no tanto. Aquí no tengo amigos. Recuerda la primera vez que me viste. Yo iba adelante, corriendo sola y el resto iban a la par de sus amigos, mis compañeros.
-Pensaba que solo era velocidad, no soledad.
Reí. Era una jocosa comparación. Tal vez haya tenido oportunidades de conocer gente, si. Pero jamás me eh sentido interesada por la gente de aquí.
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