*Prólogo*
En la escuela todos me conocían por ser una de las mejores alumnas. Los profesores me alababan y los demás alumnos se bufaban de mi inteligencia y me llamaban cerebrito, sabelotodo, friki e incontables apodos que prefiero no nombrar.
En la escuela todos me conocían por ser una de las mejores alumnas. Los profesores me alababan y los demás alumnos se bufaban de mi inteligencia y me llamaban cerebrito, sabelotodo, friki e incontables apodos que prefiero no nombrar.
Pero a mi no me importaba, yo sólo tenía ojos para mis pocos amigos y para mi profesor favorito (y mi amor platónico) , Catriel Stuart.
Me llevaba de maravilla con él, hasta debo admitir que manteníamos una relación en secreto; todavía no habíamos llegado a mucho, pero incontables veces había asistido a su casa con la excusa de clases de tutoría o tareas que no comprendía (falso, porque no había nada que no pudiera hacer sola).
Pero, sin embargo, siempre tuve que mantener una relación con Eliot, un castaño petulante que solo era mi camuflaje en la clase alta.
Pero, sin embargo, siempre tuve que mantener una relación con Eliot, un castaño petulante que solo era mi camuflaje en la clase alta.
Muchos pensarán que lo mío es un cuento de hadas y princesas ¿Mantener una relación con un profesor? Es una locura, pero estaba tan enamorada de él...
Catriel era un hombre de tez blancuzca, de ojos verdosos y carácter dulce y pacífico, cuerpo escultural y voz masculina. Él era mi Apolo, mi dios de la belleza.
Aunque detrás de esta historia tan acaramelada, se esconde un oscuro secreto, un secreto que nunca le revelé a nadie y que nunca saldrá a la luz...
Todo se remonta a mi pasado, un pasado huracanado y turbio. Un pasado que me perseguiría durante toda mi vida...

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