Era una agradable noche de Abril, el viento estaba frío y soplaba con suavidad pero se podía sentir el calor en el aire. Un chico llegaba de trabajar e iba caminando alegremente por la calle para volver a su casa. A lo lejos una niña de unos ocho años le miraba con sus grandes ojos azules oscuros desde lejos. Su sedoso pelo negro recogido en dos trenzas bailaba con el viento. Su piel era pálida y sanguinolenta y podía distinguirse un brillo maléfico en ella. Pero todo esto era algo invisible para Thomas, el chico que volvía a casa.
Thomas se paró para mirar la niña desde lejos. Ésta se iba acercando con lentitud haciendo su ropa negra y morada distinguirse entre la desierta calle. Thomas sintió pena por la chica que, por alguna extraña razón (no llevaba ropas viejas, ni parecía pasar hambre) le parecía abandonada y sola.
- Estás sola? - le dijo. Ella respondió con un paso adelante.
- Necesitas ayuda? - volvió a insistir Thomas. Ella dijo que no con la cabeza.
Ya un poco confuso decidió preguntarla:
- Qué haces aquí?
- Espero a mi papá - respondió para gran alivio de Thomas con la más dulce de las voces.
- Y dónde está él? - pero ella solamente se encogió de hombros. Luego siguió Thomas preguntando - Tienes frío?
- No, debo esperar a mi papá.
- Pero no quieres comer nada, o quieres que llame a alguién?
- No! - susurró con lágrimas en los ojos. - Estoy esperando solamente a mi papá.
Él se acercó para acariciarla.
- Vale, esperemos pues a tu papá.
Pasaron las horas, pero nadie llegaba. La niña ya estaba de tal manera agarrada a Thomas que éste podía sentir su corazón palpitar. Pero había algo extraño en el palpitar de su corazón que le daba escalofríos.
- Te puedo contar un secreto? - dijo la niña reluciendo sos ojos que parecían denotar furia y sus uñas, las cuales se encontraban extrañamente largas.
- Di-dime... - pidió con un hilo de voz Thomas.
La niña susurró:
- Hola... - sus uñas se fueron acercando a su pecho - ... papá.
Thomas cayó muerto en el suelo, de su pecho brotaba a chorros sangre, y en él, cinco marcas de uñas sonreían.
A lo lejos, un hombre se acercó al ver una niña abandonada. Ésta, se acercó con exagerada lentitud.
- Hola, pequeña - dijo el hombre. - Qué haces?
Y ésta le respondió con malicia.
- Estoy esperando a mi papá.
*FIN*

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